Anoche recordaba unas líneas escritas en un libro en el cual hace mención a algunos puntos sobre la especulación, concepto distorsionado en el tiempo por muchas personas involucradas a las finanzas.
En el libro "Las riquezas de las naciones" Adam Smith se refirió a estas como las "súbitas sumas que a veces se amasan mediante lo que llama el comercio de la especulación". Sin embargo, el comerciante especulativo de Smith no era un operador financiero sino un empresario "que no se dedica a una rama regular; establecida o conocida de los negocios. Este año es mercader de cereales, el siguiente es mercader del té. Se inicia un menester cuando prevé que hay probabilidades de que sea inusitadamente rentable, y la abandona cuando prevé que las ganancias regresarán al nivel de otras actividades.
Para Smith, el especulador se define por su afán de lucro a corto plazo; sus inversiones on fluidas, mientras que las del empresario convencional son más o menos fijas.
John Maynard Keynes, en su caso definió "la empresa" como la actividad de pronosticar el rendimiento prospectivo de los activos durante la vida de estos", a diferencia de la especulación, que el denomina, " la actividad de PRONOSTICAR LA PSICOLOGIA DEL MERCADO".
La especulación es activa mientras que la inversión es activa. Según el aconomista austriaco J.A. Schumpeter la diferencia entre un especulador y un inversor se puede definir por la presencia o ausencia de la intención de comerciar, es decir, obtener ganancias de las fluctuaciones en los precios de los valores.
En pocas palabras y como dijo Schwed, la especulación es el esfuerzo, quizá fallido, de transformar poco dinero en mucho. La inversión es el esfuerzo, que debería tener éxito, de impedir que mucho dinero se transforme en poco.