miércoles, 24 de marzo de 2010

LA TRAMPA DEL CONSUMO

Los bancos y otras empresas privadas pretenden tentarnos con sus productos para que CONSUMAMOS, para que gastemos lo que no tenemos y así generarnos la falsa ilusión de que tenemos mayor poder adquisitivo.

Recordé a una compañera de estudios que tenía mucho dinero y que no usaba jamás tarjeta de crédito: los ricos pagan en efectivo, no necesitan ni quieren dejar huella de todos sus gastos mediante una tarjeta de crédito.
¿Quiénes usamos tarjeta de crédito? ¿Quiénes la necesitamos? La clase media o media baja.
El negocio del banco está en encontrar clientes que estén pasando un mal momento económico y acepten la tarjeta, la usen al tope, ellos les cobren intereses leoninos y el consumidor crea que puede gastar más de lo que gana, y cuando llegue la liquidación pague solamente el mínimo y financie el resto.
Esto provoca en mucha gente una bola de nieve imparable. Cuando en un matrimonio tienen entre ambos 4 ó 5 tarjetas de crédito, la tentación del consumo es grande, máxime en momentos de crisis.
Y por un rato el consumidor se siente poderoso. Firma la tarjeta y se lleva el producto sin sacar un peso de bolsillo, tal vez vacío.
Pero tiempo después el endeudamiento es tal es sumamente difícil remontar. Me cuenta Amparo Prast, médica residente en España, que allá pasa lo mismo y que todos los españoles están terriblemente endeudados por esta razón.
El mismo comentario me llegó de los residentes en Estados Unidos. Mientras acá nos fascinamos con la capacidad de consumo del Primer Mundo creyendo que lo hacen con ingresos genuinos, pareciera que no, que todo es a crédito. Y los créditos, en algún momento, hay que pagarlos.
Este recibir tarjetas de crédito sin solicitarlas, sin acreditar ingresos, sin firmar nada, demuestra – además - cómo se utilizan sin nuestro consentimiento las bases de datos personales.
Cuando fui cliente del Banco (de cuyo nombre no quiero acordarme) ingresé en una promo “para abogados”, que por ser tales, estábamos exentos de acredita ingresos y nos vendían un paquete de varios productos, entre los que incluía cuenta corriente con giro en descubierto.
Es decir que el Banco nunca tuvo una constancia de cuál es mi patrimonio y cuáles son mis ingresos, pero da crédito – bondadosamente – por ser abogada. Claro que usar el giro en descubierto salía por ese entonces 5 % de interés mensual. Por suerte, nunca lo use.
Si bien nos queda un margen de libertad de rechazar lo que nos ofrecen, quisiera saber qué hubiera hecho si “el regalo” me hubiera llegado en medio de una crisis económica personal.
¿Lo hubiera aceptado? ¿Me hubiera alegrado de poder gastar varios miles por mes con tarjeta sin tener que demostrar mis ingresos ni mis bienes?
Creo que para organizar responsablemente nuestras finanzas es importante estar alerta a estas “tentaciones” que nos produce la sociedad de consumo, que haciéndonos creer que somos clientes VIP, pertenecientes a no sé qué target, somos merecedores de la confianza de los bancos y cuando dimos cuenta fuimos “consumidos” por ellos, porque gastamos lo que no teníamos.



Por Dra. Mirta Núñez