martes, 6 de abril de 2010

LA IMAGINACION DE LOS BANQUEROS NO TIENE LIMITES



A BORDO DEL VOYAGER III—La mayoría de los gerentes de bancos se preocupan por los préstamos incobrables o por un retiro masivo de los depósitos. Luzia Moraes tiene que preocuparse por goteras, bandidos y tormentas de lluvia que ahuyentan a los clientes durante semanas.

Moraes, una ex ama de casa de 43 años, se encuentra al mando de un nuevo y osado emprendimiento en Brasil: es la gerente de la primera sucursal bancaria flotante en el sistema de ríos del Amazonas. Desde un barco, vende servicios bancarios en una frontera donde la gente no tiene demasiado dinero, mucho menos experiencia con cajeros automáticos, cuentas de ahorro o préstamos personales.
Además de albergar una filial bancaria y llevar pasajeros, el Voyager III, de unos 40 metros de eslora y tres cubiertas, almacena 500 toneladas de frijoles, pollo, blanqueador y otra mercancía que vende a lo largo de un trayecto de más de 1.600 kilómetros.
Cada dos semanas, junto con unos 200 pasajeros, Moraes sube al barco para iniciar un viaje de nueve días desde la Amazonia brasileña central hacia afluentes llenos de lodo cerca de la frontera con Colombia y Perú. Mientras los pasajeros cuelgan hamacas, ella coloca un cartel rojo sobre su filial, un pequeño armario que hasta hace poco era un depósito.
En una región en donde los aldeanos viajan durante días para llegar a un mercado o un hospital, la filial ofrece servicios que incluyen cuentas de ahorro y cuentas corrientes, préstamos personales y depósitos directos del gobierno para empleados públicos, pensionados y los pobres. La oficina consiste en Moraes, su computadora portátil, una impresora y un cajero automático.